Boicoteemos Todo, Porque Todos Son Malvados

Uno de los grandes dramas morales de nuestra sociedad (y vaya que hay drama) es el dilema de los "buenos productos creados por malas personas o empresas". Ya sabes de qué hablo: ese servicio que usas, descargas o consumes sin pensarlo dos veces... pero cuyo fundador, inventor o director ejecutivo resulta ser un completo imbécil.
¿Deberíamos rechazar las cosas buenas que producen solo porque una o varias personas dentro de la cadena son moralmente cuestionables?
Partimos por Starlink. Lo ames o lo odies, Elon Musk genera alguna opinión. Siempre. Pero Starlink ayuda bastante a tropas en países invadidos, a lugares donde las comunicaciones han sido interrumpidas o simplemente a zonas rurales donde antes prácticamente no existía internet.
¿Debería una sola persona privada tener tanto control sobre sistemas o productos que millones utilizan? ¿O deberíamos aprovechar Starlink para hacer el bien y hacer vista gorda al hecho de que nuestro dinero termina beneficiando a Musk?
Crédito de foto: magnific.com
(Y antes de que lances una opinión apasionada... ¿para qué usas tú internet? Porque si te dedicas a descargar contenido pirata y perder horas viendo memes de gatos, quizás la pregunta que deberías hacerte es otra).
¿Y qué pasa con Spotify?
¿Quieres escuchar música? Abres Spotify.
¿No sabes qué escuchar? Spotify te lo sugiere.
¿Tienes un viaje largo por delante? Descargas algunas canciones y listo.
Tal vez no te guste la empresa o algunos de sus directivos por apoyar a políticos de un sector o del otro. ¿Deberíamos abandonar la plataforma porque su director ejecutivo invirtió una enorme cantidad de dinero —dinero que salió de nosotros, los usuarios— en tecnología militar basada en inteligencia artificial?
Las personas buenas hacen cosas malas.
Y las personas malas, al parecer, crean cosas bastante útiles.
(No me refiero a las armas. Me refiero a la plataforma de música).
La verdad es que no tengo una respuesta clara para este dilema. Opiniones, sí. Respuestas definitivas, no.
Y tampoco somos la primera generación en enfrentarlo.
- Henry Ford - El nombre seguramente te suena. Automóviles. Producción en masa. Autos al alcance de la gente común. ("Puede elegir cualquier color, siempre que sea negro"). También tenía opiniones antisemitas bastante controvertidas y utilizó su enorme influencia para difundirlas. Sin embargo, hoy casi nadie considera eso al momento de comprar un Ford.
- Thomas Edison - Ese nombre debería encenderte una ampolleta. Pero Edison también era famoso por disputar patentes agresivamente y por intentar perjudicar a sus competidores. Era un imbécil. Bueno, entonces dejemos de encender las luces.
- Alfred Nobel - Hoy asociamos su nombre con prestigiosos premios de paz. Pero gran parte de su fortuna provino de los explosivos, una tecnología que también aumentó enormemente la capacidad destructiva de la guerra.
Entonces aquí va mi pregunta:
Si analizamos a fondo cada empresa, inventor, producto, artista o institución con la que interactuamos, ¿terminaremos encontrando algo lo suficientemente cuestionable como para justificar un boicot?
¿Nos quedará algo?
Hasta las semillas que plantamos suelen estar modificadas genéticamente de una forma u otra, así que ni siquiera el huerto casero fuera de la red está completamente libre de culpa.
Me parece perfectamente razonable reflexionar sobre si deberíamos usar o no grandes inventos creados por personas terribles. Pero quizás haya otra pregunta que deberíamos hacernos primero:
¿Para qué estamos usando nosotros mismos esas cosas?